Para Vicente Jiménez, director de Amasur SL, el colectivo de amarradores en Tenerife, “el amarre es una profesión muy dignificada”, pero, sobre todo, es una pieza fundamental en el buen desarrollo de la actividad portuaria, donde trabajan en colaboración directa con otros profesionales y, muy especialmente con la autoridad del puerto.
Es por ello que Amasur SL ha sido merecedora del III Premio Francisco Malpica de la Policía Portuaria de Santa Cruz de Tenerife, por “significar y ensalzar su disponibilidad, profesionalidad y compromiso con el buen funcionamiento de la actividad portuaria, que los lleva a colaborar estrechamente con la Policía Portuaria en la prevención de riesgos, en aspectos relativos a la seguridad de los buques, así como participando activamente en la protección de las personas”.
“Todo el equipo de profesionales de Amasur nos sentimos muy honrados por recibir este reconocimiento”, asegura Jiménez, para quien la colaboración con la Policía Portuaria es “muy estrecha y gratificante, sobre todo porque son unos grandes profesionales y tienen un trato muy humano”.
Vicente Jiménez, que dirige Amasur en Tenerife desde 2012, estuvo acompañado en la entrega del premio, que tuvo lugar el 15 de julio, por su hija Natalia Jiménez, jefa de Base en Amasur, que lleva once años en la empresa y asegura que “la relación entre compañeros es excelente”.
Igualdad
En este sentido, Jiménez apunta a que “cuando decidí abrir la posibilidad de que entraran mujeres a trabajar en la empresa, me tacharon de loco, asegurando que no aguantarían mucho tiempo”. Sin embargo, matiza el director de Amasur en Tenerife, “el tiempo me ha dado la razón, porque esta es una profesión muy digna que puede desempeñar cualquier persona, hombre o mujer”. De la misma forma que cuenta con trabajadores jóvenes, en un proceso de “cambio generacional en el que convive el entusiasmo de los jóvenes con el conocimiento y la experiencia de los más veteranos”, afirma Jiménez.
En estos momentos, Amasur en Tenerife, que opera en los puertos de Santa Cruz de Tenerife y de Granadilla, cuenta con una plantilla de treinta profesionales, entre amarradores, patrón portuario, coordinadora de Servicio, jefa de Base y administrativos.
Formación
Para acceder a la profesión de amarrador se debe contar con el título de Formación Básica en Seguridad Marítima -que se puede realizar en el Instituto de Formación Marítima Pesquera en San Andrés (Santa Cruz de Tenerife), en la Casa del Mar, o en centros privados-; el curso de Patrón Portuario homologado; el curso de Operador Restringido del Sistema Mundial de Socorro y Seguridad Marítima; y el curso de Formación Sanitaria Específico.
Con ello, “una persona puede empezar a trabajar de amarrador, con muy buen sueldo y con unos horarios que permiten la conciliación familiar”, pues trabajan cuatro días (en turnos de doce horas) y descansan otros cuatro, explica Vicente Jiménez, quien recuerda que la profesión ha cambiado y mejorado mucho en los últimos años: “antes el trabajo era más convencional, ahora además del amarre y la suelta de los barcos, embarcamos, atracamos y desatracamos en el muelle en caso necesario, como puede ocurrir en las plataformas petrolíferas”.
Años de experiencia
La empresa Amasur SL se engloba dentro de la división de Boluda Port Services perteneciente al Grupo Boluda, “lo que nos aporta una gran seguridad profesional y estamos muy bien considerados”, asegura Jiménez. Asimismo, la empresa está certificada por las normativas ISO – 9.001 e ISO 14.001, “lo que indica el alcance de nuestra formación y de los trabajos que desarrollamos dentro de los puertos”, reconoce Jiménez.
“Nuestro personal acumula muchos años de experiencia como amarradores”, añade el director de Amasur en Tenerife, y también “cumplimos con otras funciones fundamentales de seguridad dentro del puerto como la lucha contra la contaminación marina o la lucha contra incendios”.
A la pregunta, casi obligada, de cómo las nuevas tecnologías pueden cambiar la profesión de amarrador, Vicente Jiménez asegura que “no existe tecnología ni inteligencia artificial que pueda sustituir el buen trabajo de los amarradores, y, sobre todo, el alto conocimiento que tenemos de los puertos y de sus necesidades”, apostilla.